3 EN 1, RESULTADO IDEAL (PRIMERA PARTE)
Etiquetas: boca, bragas blancas, lencería, mareada
Cuando tenía 18 años era una niña más bien ingenua e inocente, solo había tenido un novio y era el único con el que había hecho el amor. Veía que mis amigas habían salido con varios chicos pero yo era muy tímida y no me atrevía a acercarme a ellos. Así que un buen día me armé de valor y decidí que debía hacer algo para animarme, porque me estaba quedando aislada. Un chico de mi clase, Pablo, me invitó un día a salir, en plan amigo, solo, yo no estaba segura, porque desde que terminamos mi novio y yo no había tenido ninguna cita. Así que fuimos al cine y después al McDonalds a comer una hamburguesa.
Era un chico aparentemente sensible y me dio confianza, así que me sentí con la soltura suficiente para contarle mi problema. Increíblemente él me comprendió a la perfección y me dijo que sabía lo que necesitaba. Dijo que era necesario que viviera alguna experiencia fuerte o fuera de lo habitual en mí, para romper con todos los esquemas mentales que limitaban mi vida. Parecía tan convincente que me convenció, así que me dijo de quedar otro día en su casa, yo acepté.
Estaba nerviosa porque no sabía a que se refería con “ experiencia fuera de lo habitual en mí ”, pero me propuse dejarme llevar y fui con todas mis dudas en busca de algo diferente.
Cuando llegué a su puerta estuve a punto de darme la vuelta, pero no, toqué el timbre y Pablo me abrió, me invitó a pasar. En el salón tenía preparada una mesa muy bonita, decorada con buen gusto, en principio pensaba que se trataba de algo romántico, pero luego vi como otro chico salía de la cocina. Me saludó y me dio dos besos.
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- Hola, soy Álvaro.¿Qué tal?
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- Bien, muy bien.- dije yo algo desconfiada.
Se sentó en el sofá y me senté en una silla. Álvaro parecía muy seguro de sí mismo y enseguida entabló una conversación conmigo. Me dijo que no me pusiera nerviosa, que solo estaba allí para ayudarme y me encontrase a gusto. Llevábamos una conversación bastante fluida cuando llamaron a la puerta, Pablo se levantó y abrió, era otro chico. Este aún parecía más confiado, pero era muy amable, se presentó como Oscar y me ido dos besos.
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- Hola, ¿tú debes ser la chica que necesita ayuda, verdad?
No comprendía nada, pero era evidente que yo era “la chica que necesitaba ayuda”, no había otra, pero hubo un momento que tampoco sabía si iba a venir alguna.
Pablo apareció con la comida y todos nos pusimos a cenar. Fue una charla amable y me sentía muy a gusto. Tomamos un poco de champan y debo reconocer que me sentía ligeramente mareada, pero muy bien, en el punto justo. De repente Pablo puso su mano mi muslo y yo di un sobresalto. Él me dijo que me calmase que no haría nada que no quisiera. Me quedé callada y le dejé seguir. Poco a poco su mano iba subiendo y llegó por debajo de mi falda hasta mis bragas. Yo siempre he sido muy recatada en estos casos y la verdad, llevaba unas braguitas muy normales, blancas de algodón. Cuando Pablo me levantó la falda delante de Oscar y Álvaro me quedé muy cortada, es posible que ellos esperasen que llevara lencería fina, pero no era así. Ante mi sorpresa parecía que aquell les gustaba, por los comentarios que hicieron.
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- Vaya señorita, eres muy ingenua con esa ropa interior de colegiala, pero me estás poniendo muy caliente verte esas bragas blancas de niña buena…- dijo Oscar.
Se acercó también y se puso a tocarme el escote, de nuevo aparece un sujetador de encajes discreto y blanco, pero también parece gustarle ya que comenzó a lamerlo y morderlo casi lo rompe. En ese momento tuve un poco de miedo y me puse nerviosa de nuevo, iba a levantarme para irme cuando Álvaro me dijo que me relajase. Yo no sabía que hacer, pero de repente noté que me estaba mojando, era increíble, me estaba poniendo cachonda con aquella situación, tres tíos para mí sola. Resultaba algo fuerte, pero en el fondo me encantaba. Casi sin darme cuenta tenía a los tres manoseando todo mi cuerpo. Pablo me besaba mientras sentía las manos de Oscar recorrer mis pechos por encima de mi ropa y mi sujetador. El dedo de Álvaro recorría mi clítoris obligándome a abrir más las piernas. Bajó las bragas y las dejó caer, ya tenía mi sexo liberado de ropa interior, podía ver las braguitas tiradas al suelo. Oscar sacó mis tetas de la camisa y mis pezones estaban tremendamente duros, lo que hizo que se avalanzara sobre ellos y comenzara a moderlos. Mientras tanto la lengua de Pablo no paraba de invadir mi boca. Estaba tan caliente que en ese momento me abandoné a ellos y poco a poco fui dejando que me llevaran hasta donde ellos querían…
Continuará…
Lucy Dark













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