DOMINATRIX
Etiquetas: ama, atada, corpiño, cuero, dominar, fusta

Aquella noche salí a tomar una copa después de cenar. Necesitaba desahogarme un poco y me fui a bailar. Estaba en la pista cuando una mujer bastante atractiva y de enormes pechos me miraba fijamente. La verdad me sentía bastante cachonda, pero no sabía exactamente que quería ni si ella sentía lo mismo. A pesar de todo se acercó y me preguntó si quería tomar otra copa con ella, a lo que yo asentí encantada. La chica estaba buenísima y no podía perder esa oportunidad. Estaba muy cerca de mí y me ponía el escote ante mis ojos, no me podía resistir y le toqué un pecho. Ella sonrió y se bajó la camiseta un poco para que yo siguiera. Su mano también subió por mis caderas hasta que de pronto metió sus dedos entre mis piernas. No me lo esperaba, tuve cuidado que no me viera nadie, la escena era algo peculiar.
De repente estaba algo mareada, era una sensación extraña pues anteriormente estaba fenomenal. Ella me dijo que eso era fruto de la excitación, que ya era hora de irnos a algún lugar para desfogarnos. Increíblemente no me opuse y a pesar de no encontrarme bien fui detrás de ella. Nos metimos en su coche y antes de darme cuenta caí en un profundo y agotador sueño.
No sé cuanto tiempo pasó pero comencé a despertarme y a abrir los ojos. Solo podía ver una lamparita colgada en el techo. Quise tocarme los ojos y de pronto comprendí que no podía mover las manos, estaba atada a un cabecero. Cuando miré hacia mis piernas estaban sujetas a una especie de paritorio que las mantenía elevadas ligeramente. No entendía nada, era evidente que algo me habían dado para quedarme dormida, pero no veía a nadie.
Una puerta se abrió y apareció ante mí la mujer de la discoteca. Madre mía!! Llevaba puesto un corpiño de cuero que dejaba ver sus pezones. Unas medias de red y unas ligas maravillosas. Calzaba unos taconazos que podían medir doce centímetros perfectamente y en su mano llevaba una fusta de plumas. Sinceramente estaba espectacular, aunque primero sentí algo de miedo, no sabía quien demonios era aquella mujer ni que pretendía, pero estaba claro que tenía el poder.
Yo me hallaba desnuda, mi estómago subía y bajaba con la respiración agitada que tenía en ese momento. Me dijo que estuviera calladita si quería divertirme, cuando quise hablar para responder me dio un golpe con la fusta y me volvió a repetir que me mantuviera callada. Comprendí que debía hacerle caso.
Lo primero que hizo fue rasurarme la pelvis con una cuchilla, me puso espuma de afeitar y lo hizo lentamente, pasando incluso casi por encima de mi clítoris, lo que me obligaba a estar lo más quieta posible. Una vez había terminado con la fusta no paraba de darme golpecitos, cada vez eran más fuerte y cada vez estaba más excitada. Luego estuvo lamiendo mi coño y mordiéndolo, estirando el clítoris con sus labios. Se retiró a un lado de la habitación y se puso un cinturón de cuero negro con pene, a juego con el corpiño, del que dejó salir sus tetas maravillosas en todo su esplendor. La muy petarda comenzó a penetrarme fuertemente mientras manoseaba mis pechos con rudeza. Apretaba mis pezones, creí que me los arrancaría y tuve que gritar un poco. Eso no le gustó nada porque fue por mis bragas y me tapó la boca, amarrándola en mi cabeza, casi me deja sin respiración. Estaba atada a esa cama y con la boca sellada.
Luego sacó el cinturón de mi vagina y volvió a ir hacia un cajón donde guardaba algo. Era un consolador anal. Me lo metió en el culo sin ponerme ni siquiera un poco de crema. Luego volvió a penetrarme con el cinturón sin piedad. Intentaba gritar, pues el dolor que me causaba me obligaba a hacerlo, con la fusta seguía dando pequeños latigazos por mis senos, los cuales tenía enrojecidos y doloridos. Después salió de mí y sin sacar el consolador de mi culo se sentó en mi cara poniendo su coño al servicio de mi boca. Quitó las bragas y puso sus labios vaginales. Se lo estuve comiendo llena de excitación. Sujetaba mi cabeza y restregaba su coño en mi cara. Notaba como se tensaban sus músculos y rompió en un orgasmo espectacular. Saltaba en mi cara y la excitación me invadió a mí también. Me corrí en ese instante, ansiaba una penetración pero fue un orgasmo eléctrico.
Me dejó un rato allí atada mientras se tomaba un café con galletas mirándome y sin dejarme hablar. Me utilizaba como mesa, había puesto sobre mi estomago las galletas y las comía sobre mí. La taza caliente también la puso lo que me provocó una pequeña quemadura sin mucha importancia pero que me dejó marcada varios días. La mujer dijo que así la recordaría, no quería que la olvidase pues volvería a verla. Luego me desató y me dejó salir de allí. Recordé la dirección de su casa, pues deseaba verla otra vez. Al cabo de unos días tenía mono de aquella extraña dama. Necesitaba ser su mesa, su agujero de deseo, lo que ella quisiera. No tenía más que llamarme y allí estaba yo, dispuesta a todo.
Ella me hizo sentir lo que nadie había conseguido, tengo que reconocer que cada vez iba más nerviosa a su casa pues sus juegos eran cada vez más peligrosos, tenía muchos artilugios que utilizaba par amarrarme o colgarme de la pared o el techo. Le encantaba un columpio en el que me ponía bien sujeta y me mantenía allí durante toda una tarde, empujando mi cuerpo inmóvil de un lado a otro, mientras ella lamía mi piel o la golpeaba con algún pequeño látigo. Era mi ama y me encantaba ser su esclava, no tenía límites y cada vez quería más tanto ella como yo. Apenas intercambiamos palabras, no tenía sentido, solo valía lo que ella quisiera, pues era una auténtica dominatrix.











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