CARNAVAL
Etiquetas: carnaval, mascara, muñecas, Venecia
Lucy paseaba por las calles de la ciudad..Todo a su alrededor estaba iluminado. Farolas encendidas, la noche invitaba a ser vivida y a ser larga. La gente bailaba y se divertía al ritmo de guitarras, panderetas y trompetas. El carnaval estaba en la calle, el poder de lo pecaminoso se respiraba en el ambiente. Máscaras cubriendo rostros, sometiendo en el anonimato a todo aquel que la llevaba puesta. Pero Lucy iba sin disfraz, caminaba entre la gente que se acercaba a ella con la sonrisa escondida y el misterio enfundado. Ella parecía estar en otro nivel y se limitaba a mirar como la que está al otro lado de la pantalla, pero esta vez estaba dentro.
Llegó a una calle donde estaban bailando multitud de parejas, a nadie podía verle el rostro. De repente dos de aquellos personajes grotescos repararon en ella. Se acercaron y delante suya bailaron de manera sensual. Ella les observaba, pero no se movía, permanecía como observadora de aquel espectáculo de la calle. Llevaban dos máscaras tipo venecianas, con largas narices, y túnicas en negro y doradas. Parecían un hombre y una mujer, a juzgar por la manera de moverse. La rodeaban y la acariciaban, ella se abandonaba a aquella danza que la estaba seduciendo. Luego uno de ellos sacó del bolsillo un antifaz, se lo puso y ella sonrió. La cogieron de la mano y la dirigieron entre la multitud. Llegaron a un edificio antiguo y en el portal la pusieron contra la pared. Las manos de ambos recorrieron su cuerpo, deteniéndose levemente en sus pechos. Aquellas personas sin rostro la estaban arrastrando hacia un lugar extraño y Lucy se dejaba llevar, entregándose al peligro de lo desconocido.
Subieron la vieja escalera de mármol y entraron en un apartamento humilde, donde solo había dos habitaciones principales, una era un pequeño salón con cocina americana y la otra una habitación que contaba con un pequeño aseo. Los dos personajes condujeron a Lucy hasta la cama y la dejaron allí mientras se desvestían, efectivamente, eran un hombre y una mujer dados sus atributos al quedar desnudos frente a ella. La mujer se acercó y comenzó a acariciar sus muslos hasta llegar a la entrepierna de Lucy que abrió lentamente. Los dedos de la misteriosa dama acariciaron su clítoris haciendo que se humedeciera. El hombre acercó su pene a la boca de Lucy y esta lo lamió como un caramelo. Ella se encargaba del sexo de él y la mujer se encargaba del suyo. La ayudaron a girarse y la pusieron en cuatro patas, el hombre continuó penetrándola por la boca mientras la mujer lamía su vulva y su anillo dorado. Estimulaba su agujero y metía los dedos para abrirlo. Cambiaron la posición y fue él quien la penetró por detrás, la mujer se recostó y le ofreció su coño abierto para que ella lo lamiera. Esta se retorcía de placer, y ella no dejaba de chupar aquel clítoris salado. En ningún momento se quitaron las máscaras, continuaban fornicándola sin apenas hablar, solo jadeaban y gemían y la conducían por posturas inverosímiles, alternando cada uno todos sus agujeros. La mujer usó un cinturón para penetrarla y se comportaba como macho embistiéndola fuertemente, mientras el hombre no cesaba en su empeño de taponarle la boca. Lucy estaba excitada y caliente, se corrió dos veces en toda esa orgía sexual. El hombre soltó su semen sobre ella, la mujer saltó de éxtasis sobre su cara, luego lamió la leche de su compañero del cuerpo de Lucy, como una perra, con ese aparato erecto amarrado en la cintura. Terminaron extasiados de placer, ella preguntó a aquellos desconocidos como habían decidido que fuera ella, pero no les dieron explicación. Aquellas caras inertes, con una sonrisa esculpida en sus rostros pintados le devolvían cierto aire de misterio que en el fondo a Lucy le creaba cierta desconfianza y terror. Pero pudo más su curiosidad por tener experiencias nuevas que el miedo a lo desconocido. Aquella pareja se puso la ropa, la condujeron al baño y la lavaron en la bañera de manera muy tierna, ambos se dedicaron a frotarle el cuerpo con la esponja suave y al terminar le regalaron otra lamida en su sexo para que volviera a correrse gracias a ellos. Parecía que estaban allí para hacerla feliz y darle placer. Así nunca olvidaría aquellos momentos en que Lucy se desprendió de sus prejuicios para vivir una experiencia increíble. La vistieron y le dieron la mano, aún conservaban sus disfraces. Se fundieron en la multitud sin soltarla, danzaron juntos al ritmo que marcaba el carnaval. Los dos protegiéndola del gentío. Aquel halo de terror que envolvía aquellos dos personajes había desaparecido y Lucy no quería que la dejasen sola, de repente se sintió dependiente de aquellos extraños que la abordaron horas antes. Ella se hallaba en un estado de ensueño, cerró los ojos y se dejó conducir por ellos, giraba sobre sí misma, apretaba sus manos, que no cesaban de ofrecerle caricias por todo su cuerpo, incluso en sus partes más íntimas, seguían ahondando en su sexualidad. Hubiera perdido el sentido del ridículo y se hubiera vuelto a correr allí mismo, en la calle, rodeada de máscaras exageradas, con sonrisas abiertas o expresión triste. De repente se encontró girando sola, dando vueltas sin manos que la guiaran, perdida entre la multitud, abrió los ojos, y ya no estaban, solo había máscaras desconocidas, manos extrañas, pues aquellas manos protectoras ya eran familiares para ella. Buscaba entre la gente, pero no los encontraba. Donde estaban las túnicas?? Donde aquellas caras inexpresivas? Se quitó su antifaz para ver mejor, pero fue en vano, no los encontró.
Después de pasar el carnaval, Lucy, buscaba sus manos en la gente de la calle, miraba los dedos, las uñas, las muñecas, pero nadie se asemejaba a aquellas dos personas que la llevaron a un mundo lleno de sexo y placer. Nunca los olvidaría, incluso llegó a pensar que los había soñado, pero no podía ser así, pues aún conservaba el antifaz que le regalaron aquella maravillosa noche.













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