LA SORPRESA
Etiquetas: 69, Agencia de contactos, body, culotte, faldita, liguero, Trio
Jorge había salido de una relación tormentosa con una mujer que nunca le hizo feliz. A pesar de estar muy enamorado la decepción llegó después de saber que ella le estaba engañando con su mejor amigo. La traición fue doble, así que él ya no creía en el amor y le costaba relacionarse con otra mujer por temor a sufrir. Aun así Jorge no cesaba en su empeño por encontrar a alguien con quien compartir buenos momentos. Así que cierto día decidió llamar a una agencia de contactos para poder conocer a alguien. A los dos días la agencia le puso en contacto con una chica para que se conocieran, le pasó un número de teléfono y quedó con ella en una cafetería para una primera toma de contacto.
Jorge estaba nervioso mientras la esperaba, nunca antes estuvo en una situación así, no era la forma en que había imaginado conocer a su media naranja. Jorge era un chico de ideas tradicionales y una cita a ciegas era algo fuera de sus esquemas habituales. Al cabo de unos minutos oyó una voz femenina que le decía:
- Hola, eres Jorge? Creo que me estás esperando.
Volvió la cabeza y la vio. Una bonita mujer de cabellos castaños, figura esculpida y grandes ojos marrones le miraba con una sonrisa divertida.
- Ee…eres Marisa? – preguntó nervioso.
- Síii, ja,ja,ja… tranquilo, no te voy a comer…o sí….
La chica se mostraba algo desinhibida, por lo que Jorge se relajó un poco y le preguntó como le había reconocido.
- Bueno, me dijiste que llevarías una camiseta amarilla estampada con una huella de zapato verde detrás. Creo que no pasas desapercibido precisamente…
Jorge rió a carcajadas, ciertamente había elegido esa camiseta para que no diera lugar a confusiones pero en ese momento se daba cuenta que tal vez no era apropiada para la ocasión.
Pasaron una tarde agradable, entre risas y buena conversación, en la que Marisa le dijo directamente que le parecía un chico muy atractivo y que le gustaría invitarle a cenar al día siguiente. Jorge accedió sin problemas y quedaron para verse en casa de Marisa.
Se hallaba nervioso, ella era una mujer muy sensual y atractiva y solo pensar que tal vez pudiera tocarla le provocaba erección. Al llegar a su casa Marisa le recibió con un bonito vestido negro muy estrecho que dejaba ver su esbeltez. Se había ondulado el cabello y pendían estratégicamente por su cuello y hombros. La imagen de Marisa había dejado a Jorge sin palabras y solo acertó a decir:
- Estás muy bella… mucho
Marisa estaba muy relajada, estaba en su terreno y eso se notaba. Le sirvió una copa y comenzaron a charlar animadamente sentados en el sofá. De repente y cuando justo Jorge iba a acercarse a Marisa para besarla sonó el timbre. “Mierda” pensó Jorge, “quien demonios va a interrumpirnos ahora? Espero que no la visite su madre…”
Nada más alejado de su pensamiento. Cuando Marisa abrió la puerta apareció una mujer de cabellos rubios vestida con una falda muy corta y con unas piernas impresionantes.
- Esta es mi amiga Doris. Este es Jorge, el chico de quien te hablé.
De repente no sabía que hacer, pensó que tal vez con aquella visita sus intenciones de pasar una estupenda noche de sexo con Marisa se habían derrumbado. Marisa notó la cara de decepción de Jorge y le dijo.
- Jorge, no pongas esa cara triste, te aseguro que esta noche será inolvidable, Doris y yo te lo haremos pasar fenomenal.
El joven se quedó de piedra. Que quería decir Marisa? Por qué Doris y ella? Era lo que estaba imaginando? Y si lo era, que haría? En realidad Jorge rezaba para que fuera.
Las dos mujeres se quitaron los vestidos y se quedaron en ropa interior. Marisa llevaba un body ajustable de encaje con liguero en color negro . Doris, por el contrario vestía de manera más informal, por lo tanto bajo su camiseta y su faldita corta llevaba un culotte y un sujetador a juego con el número 69 como único estampado.
Jorge no podía creer lo que tenía frente a sus ojos, dos preciosidades medio desnudas esperando solo para él. Se acercó algo tímido y con cada una de sus manos acarició el pecho de ambas chicas. Era increíble, dos pares de tetas a su disposición. Entre las dos desnudaron a Jorge. Entre risas divertidas le quitaron el pantalón y la camisa y le dejaron con el boxer como única prenda. Jorge lo eligió para la ocasión, eran de Calvin Klein y había sido regalo de una buena amiga, le sentaban de maravilla, marcaba su paquete y eso le daba seguridad.
Marisa y Doris se arrodillaron ante él y le acariciaron por encima de la prenda interior. Mordisqueaban su sexo, cacheteaban su culo, Jorge solo alcanzaba a acariciarles la cabeza, las melenas, quería ver sus caras. Luego le bajaron el boxer y dejaron al descubierto su pene que estaba en posición desde hacía ya un buen rato. Las dos mujeres se dedicaron a lamer, chupar y tragar la polla de Jorge quien no daba crédito a lo que le estaba pasando. Dos bocas dedicadas a su miembro solo para darle placer, era increíble. Una lamía sus huevos mientras otra se la tragaba. Se quitaron la ropa y quedaron totalmente desnudas ante él. Marisa se acostó en el suelo y le pidió que le comiese el coño. Jorge no se lo pensó dos veces y se hundió entre las piernas de ella. Mientras tanto Doris le regalaba una mamada bestial. Jorge estaba excitadísimo, un baile de pechos y de coños pasaba ante sus ojos y podía lamerlos y tocarlos a su antojo.
Luego Doris fue andando a gatas hasta Marisa y comenzó a chuparle los atractivos pechos. Era un placer inolvidable para Jorge ver aquellas dos mujeres dándose morreos y comiéndose las tetas frente a él. Doris se le puso en cuatro patas y su coñito se abrió ante él esperando ser penetrado. Jorge se apresuró a clavársela mientras ella seguía lamiéndole el coño a Marisa. La estuvo follando un buen rato visionando como Marisa gozaba de placer por la lamida que le hacía Doris. Entonces Marisa también se puso en cuatro patas frente a Jorge y le invitó a ser penetrada también. Jorge las folló por turnos mientras ellas se chupaban la lengua una a la otra. No sabía cual de las dos conchitas le gustaba más, pues las dos estaban calientes y húmedas a rabiar. Ya no podía más, la situación era tan excitante que Jorge pensó que iba a estallar.
- Chicas, no puedo más, esto es mucho para mí. Me voy a correr y quiero veros tragar mi semen.
- Sí, sí, queremos, estamos ansiosas!!
Las dos mujeres se pusieron frente a él esperando recibir en sus bocas la leche que iba a expulsar. Jorge apuntó bien hacia ellas que recibieron encantadas el manjar salado. Ambas luchaban por seguir lamiendo su capullo y Jorge le daba a una y otra un poco de su miembro viril. Se lo dejaron limpio y brillante entre las dos.
Después de terminar la sesión de sexo que habían tenido se dispusieron a cenar desnudos. A Jorge se le olvidó lo de encontrar su media naranja porque había encontrado cuatro peras. A partir de entonces estaba dispuesto a disfrutar todo lo que nunca antes había probado y Marisa y Doris le mostraron el camino, ciertamente eran unas chicas muuuy atrevidas.













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