LA MAMÁ DE MI AMIGA
Etiquetas: amiga, bikini, contactos, operadas, polvo, sexualmente, top less, webcam
Desde muy pequeña supe que me gustaban las mujeres de hecho visito páginas de contactos por webcam y es que me encanta el sexo por este medio. Los chicos me dejaban indiferentes y no me atraían sexualmente. Me parecían simples, carente de conversación y extremadamente brutos. Me gustaba estar con mis amigas, acariciarles el pelo, abrazarlas, ir de la mano con ellas… sobre todo me gustaba ir a la playa a hacer top less. Me fijaba en sus pechos, en sus culos, sus caderas, y con la excusa de hablar de la marca del bikini, les tocaba si podía. Algunas se dejaban incluso y otras se negaban de pleno. Pero yo seguía sintiendo que las mujeres eran lo mío.
Un día hablé con mi madre para que me dejase pasar el fin de semana en casa de mi amiga Silvia. Hice mi pequeña maleta y me puse en camino. Estaríamos viendo una peli y comeríamos pizza. Su padre estaba de viaje de negocios y a su madre le gustaba tener gente en casa para no sentirse sola. La mamá de Silvia me dijo que podía quedarme en la habitación de Javier, hermano de Silvia, quien estaba haciendo un master de empresa en Washington.
Pedimos la pizza y nos pusimos cómodas con nuestros pijamas para ver una peli que nos encanta, Amelie. No podía resistirlo, la mamá de Silvia, Carolina, me encantaba. Que mujer!! Mezcla de elegancia y sensualidad, con una personalidad arrolladora que su hija no había heredado a pesar de su simpatía. Era especial y tremendamente atractiva. De pequeña la admiraba, quería ser como ella, pero con el paso de los años lo que quería era tenerla para mí, al menos una vez. Me había obsesionado con la idea de hacerlqa mía y cuando podía convencía a Silvia para quedarnos en su casa, solo con la intención de verla.
Ella no llevaba un pijama como el nuestro, solemos usarlo tipo deportivo, por comodidad, llevaba un camisón de seda con bordados en las puntas, de color negro, precioso, y ella, a pesar de su edad estaba fantástica. Me quedaba embelesada, lo que en un principio fue admiración terminó en un deseo brutal.
Estábamos enfrascadas viendo la película cuando el móvil de Silvia sonó.
Sí? Pero tiene que ser ahora?? Joder, está bien Pablo, iré para allá.
Silvia se levantó muy cabreada, su madre y yo nos miramos con gesto interrogatorio.
Tengo que ir a recoger a Pablo, el coche se ha quedado sin gasolina en la carretera, a varios kilómetros de aquí, que cabeza la suya, siempre igual.
Pablo era el novio de Silvia, era un despistado empedernido y le había ocurrido esto más de una vez, así que ella fue a llevarle gasolina, aunque es seguro que echarían un polvo, pues eso de estar solos en el coche en medio de la carretera… da que pensar,,je,je… nunca lo supe…
Carolina y yo nos quedamos solas en su casa, algo que me ponía un poco nerviosa. Ella con toda naturalidad se sentó a mi lado, alegando que así estaríamos más cómodas. Yo no sabía si acercarme más o quedarme quieta, porque Carolina no hacía más que tocarme con su cuerpo. Su pecho rozaba mi hombro, notaba su dureza, Silvia me había contado que su madre se operó para aumentar la talla dos años atrás y el resultado fue espectacular, nada de tetas operadas con resultado mediocre y artificial. De repente Carolina acercó su boca a mi oido y me dijo:
- Lucy, te conozco desde niña y te has hecho una mujercita muy bonita.
Gracias, Carolina – dije con voz entrecortada.
No podía creerlo, aquella mujer tan sofisticada me estaba metiendo la mano por debajo del pijama, mi corazón latía a cien por hora. Me tocó los pechos, a su lado solo eran unos bultitos incipientes, ya que a pesar de mis veinte años mi apariencia era muy aniñada y parecía tener menos edad.
- Vaya!! Ya van creciendo las tetitas, Lucy. Todo llega, corazón…
Carolina la emprendió con mis pequeños senos, pellizcandolos, yo me dejé hacer, la temperatura me estaba subiendo por momentos. Me atreví a ser yo quien tocase y le manoseé los suyos. Madre mía! Que placer!! Me encantaba. En unos minutos me estaba revolcando con Carolina en el suelo. Su camisón era muy suave, se bajó un tanga a juego con el camisón y dejó ver su cálido coñito mojado y suave. No me resistí en chuparlo, tan salado, tan húmedo… Luego ella me quitó las bragas, las mías las compré en un “todo a cien”, me costaron dos un euro y era naranja con una muñequita de grandes ojos pegada en un lateral de la parte delantera, fue una buena compra. La escena me resultaba totalmente excitante, una mujer hecha y derecha de un atractivo apabullante con una chica jovencita follando como locas. Carolina me lamió el clítoris hasta la saciedad, y metió sus dedos dentro de mi culo para estimularlo. Luego sacó de su bolso un pequeño vibrador anal. Era increíble, lo llevaba en el bolso, esta mujer estaba preparada para todo. Me encontraba en un momento de total excitación, el vibrador me abría el culo y me daba un placer mortal. Carolina me comía el coño y yo a ella. Llegamos al éxtasis, primero ella, decía que estaba muy caliente de deseo por estar conmigo. Luego yo, que estando penetrada por el aparatito no me resistía a la sinuosidad de la madre de mi amiga.
Carolina terminó lamiéndome como una loba a sus hijos. Mi cuerpo totálmente cubierto con su saliva. Luego me dijo que era mejor que me bañase, para que cuando llegara Silvia no advirtiese nada. Ella lo hizo con una ternura encantadora, algo entre maternal y sexual. Me lavó el pelo, me peinó, y me secó el cuerpo. Volvimos al salón, como si nada hubiera pasado. Silvia llegó con el vestido puesto del revés, al verla me reí y ella me hizo una señal de silencio con el dedo. Le dije al oído que el vestido lo llevaba mal puesto. Ella corrió a su habitación mientras preguntaba:
- Que tal la película??
- Fenomenal, muy interesante- contestó Carolina sonriéndome.
Lucy Dark




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