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GEMELOS

10 Mayo 2009 2,887 visitas Sin comentarios

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Pasó toda la noche consultando páginas de contactos gays por Webcam y nada más levantarse, Carlos, se tomó su primera ración de proteínas. Llevaba años yendo al gimnasio y siguiendo una dieta estricta. Jamás se salía de la raya y esto le costaba a menudo discusiones y bromas con amigos. Muchos le tachaban de vigoréxico y cuando le invitaban a cenar en sus casas él nunca participaba de las comidas. No se permitía una hamburguesa ni una patata frita. Todo este sacrificio desembocaba en un cuerpo fibrado, musculoso en su punto y bastante atractivo. Era la delicia de las mujeres del gimnasio y la envidia de algunos chicos. Carlos tenía un buen amigo, Victor, un chico que llegó al gym apenas hacía dos meses. Le encantaba verlo subir pesas, hacer bicicleta y elíptica. Había hablado con él un par de veces y descubrió que entendía la rutina gimnástica del mismo modo que él. Llevaba a rajatabla las dietas y sus únicos temas de conversación eran las pesas, los hidratos de carbono y los tíos.
Se hicieron habituales de la Disco Express, el local de ambiente más cool de la ciudad. A menudo se encontraban allí, bailaban, alternaban y comían pollas. Una vez Carlos pilló a Victor follándose a dos en el aparcamiento de la Disco, la impresión fue muy fuerte, algo impensable para él sucedió allí.

Carlos estaba cansado de bailar y decidió irse a casa, no encontraba a su amigo y comprendió que se habría ligado a alguien. Como Victor no tenía carnet de conducir dependía mucho de él, pero habían acordado que si ligaba tendría que pedir un taxi. Así que Carlos supuso que se habría enrrollado con alguien y no lo encontró para avisarle. “Tal vez fue en aquel momento en que me comía la boca con ese chico de pantalones extraños que ví en la barra”, pensó Carlos. Esos momentos le encantaban, no había nada más excitante que elegir a alguno de la barra, hacerle una señal y comerle la boca o lo que fuera. No eran necesarias las palabras, solo elegir y ser aceptado. En aquella ocasión no se comió ningún pollón pero sí que había estado morreándose con aquel chico el tiempo suficiente para que Victor no lo encontrase. Algo que además le puso a cien por hora porque el tío le estuvo tocando el aparato hasta dejárselo duro, pero llegó el novio y se lo llevó de un tirón, quedando Carlos tan caliente que no sabía donde meterla. Luego llegó Mario, le llamó y estuvo hablando con él sobre una propuesta de trabajo, esto lo desvió de la calentura, pero le produjo un cansancio bestial. El trabajo no le interesaba, pero no quería cortar a Mario, pues otras veces le venía bien realizarlo. Carlos, gracias a su físico, trabajaba algunos fines de semana como stripper en una sala gay, Mario pretendía que trabajase en una despedida de soltera, pero Carlos no accedió.

Por todo esto decidió que ya estaba bien de esperar a su amigo y se largó en busca de su coche. Su polla había bajado de volumen, estaba más calmado y con más sueño, buscó sus llaves en el pantalón mientras atravesaba el aparcamiento y se le cayeron al suelo. Cuando fue a agacharse para recogerlas advirtió un sonido cercano al lugar donde tenía aparcado su vehículo. En principio se asustó pues pensó que podía ser alguien para robarle, pero su curiosidad pudo más y con cuidado se acerco.

Lo primero que vio fue un chico en el suelo en cuatro patas. Otro le enculaba y otro se la metía en la boca. Escondido detrás de un coche trató de ver de quien se trataba, y le reconoció, no había duda, ese cuerpo era de Victor, lo había visto mil veces en las duchas del gimnasio y esa polla que se erguía erecta era la suya, la había catado a menudo y la reconocería hasta con los ojos vendados. Su amigo estaba siendo penetrado doblemente, algo que tampoco le sorprendió mucho dado el historial de tríos que tenía Victor, quien siempre decía que su relación ideal tenía que ser de tres. Carlos en cambio tenía ideas más tradicionales en ese sentido, seguía en la búsqueda de un amor eterno y estaba encantado de la nueva ley de matrimonios homosexuales, imaginando que algún día él luciría un Armani blanco para casarse con un hombre de abdominales marcados que le hiciera tremendamente feliz en la cama y fuera de ella. En cambio Victor opinaba que la homosexualidad estaba cayendo en la mediocridad y que había perdido el encanto de lo subterráneo.
De repente uno de los chicos que penetraban a Victor levantó la mirada, concretamente el que le taponaba la boca, Carlos lo reconoció, era un chico al que había visto en contadas ocasiones en el Centro comercial cercano a su casa. Sonrió pensando que vaya fichaje que se había pillado su amigo, y siguió pendiente por si podía ver al otro chico. El trío cambió de postura, ahora era Victor quien rompía el culo al del Centro Comercial estando bocarriba quien recostado chupaba la polla del otro chico que se hallaba de rodillas junto a él, la oscuridad de la noche no facilitaba a Carlos poderlo reconocer.

Carlos se estaba poniendo caliente de nuevo, comenzó a masturbarse observando a su amigo como se lo montaba con los dos tíos. De repente no reparó en el ruido que hacía el tacto de sus manos con la humedad de su polla y el chico que estaba de rodillas volvió la cabeza. Carlos se echó hacia atrás y consiguió no ser visto, pero él sí pudo ver la cara del otro chico. “Cielos!! No puedo creerlo!! Victor se está tirando a dos gemelos a la vez!! Pensó abrumado. Por un momento se quedó inmóvil con la espalda pegada a la puerta del coche pero sin darse cuenta su miembro parecía tomar vida propia y se elevaba como nunca. La situación le resultaba increíble, pero a la vez le ofrecía un morbo poderoso. Volvió a mirar y vio a su amigo arrodillado en el suelo recibiendo el semen de ambos hermanos que se morreaban al tiempo que se corrían. Luego se levantaron los pantalones y entre risas y suspiros se separaron. Carlos le paró el paso a su amigo.

- Victor, acabo de verte con los dos gemelos, no puedo creerlo.
- Ja,ja,ja… ni yo tampoco, ha sido brutal, algo que nunca llegué a pensar, estos tíos mantienen una relación incestuosa desde la adolescencia, pero lo llevan de lo más normal, no podía perdérmelo!!
- Yo tampoco- contestó Carlos- pero ahora estoy tan caliente que no me soporto. Chupamela, vamos.

Victor no paraba de reír, le decía que acababa de comerse dos y que no le apetecía. Carlos insistía tomándole la mano para que le tocase lo dura que estaba. Victor no necesitó muchos argumentos. Se metieron en el coche y le regaló una mamada fabulosa que Carlos disfrutó pensando en la escena que acababa de presenciar.

Nunca olvidarían aquel día, no volvieron a ver a los gemelos, tal vez ya no paraban por Disco Express, pero siguieron protagonizando las fantasías de ambos amigos.

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