EL VIEJITO JUGUETÓN
Etiquetas: sujetador, viejo verde
Nunca llegaré a saber como hice aquel día lo que os voy a contar. Me hallaba en el supermercado cercano a casa comprando la comida semanal. Estaba distraída mirando los botes de leche, nata montada, miel… Fue entonces cuando me encontré con el viejo verde de mi vecino. Siempre andaba detrás de mí babeando y mirándome con ojos libidinosos. Debo reconocer que a menudo me gustaba la sensación de sentirme deseada por él y alguna vez le devolví la mirada con cierta complicidad. La verdad que en el fondo me daba algo de pena que el viejo ya no pudiera disfrutar de las mieles de la vida y se veía que en su juventud debió ser atractivo. Pobre, tan inocente y tan mayor….
De repente estando en el supermercado se me acercó y se puso a mi lado sin mediar palabra. No entendía que quería, porque ni hablaba ni se movía, solo miraba.
- Que desea usted, señor?
- A usted, señorita- dijo el vejete.
Vaya con el anciano!! Parecía tonto!! Fue tan directo que me quedé muda. No lo esperaba y en lugar de largarme solo pude reírme, pero al parecer a él no le hizo la menor gracia mi reacción.
-No se ría usted señorita, lo que le digo es muy serio. Deseo cosas de usted y podríamos llegar a un acuerdo.
No sabía de qué me estaba hablando, pero no quise dejarle con la palabra en la boca y le pregunté que deseaba de mí.
- Deseo muchas cosas, pero hay algo que me está matando y son sus tetas. Quiero tocarlas, quiero morderlas y mamarlas.
Me quedé estupefacta. No sabía que decir y le mandé a freír espárragos. Pero ahí no quedó el tema, el viejo me siguió por el pasillo y me dijo algo más:
- Sé que andas necesitada de dinero y yo podría ayudarte…
Eso se ponía interesante, me habían despedido del trabajo hacía una semana y la verdad, no es fácil en estos tiempos encontrar trabajo tan rápido. Pero no sabía que quería exactamente ese viejo verde.
- Te daré 100 euros si me dejas disfrutar de tus tetas, digamos… unos10 minutos.
El corazón se me puso en el cuello, pero la verdad que ganar 100 euros en 10 minutos era algo muy tentador. Así que me olvidé de mis reparos y le dije que sí, que estaba de acuerdo. El viejo me dijo que me esperaba en la parte de atrás del supermercado, que no había nadie y podía estar tranquilo.
Esperé un minuto y fui a verle. Lo primero que le dije fue que me enseñase los 100 euros, que no podía confiar en él. Efectivamente llevaba dos billetes de 50. Me dio uno y dijo que el otro al finalizar. Estábamos de acuerdo de momento. Le dije que yo ponía el cronómetro del móvil para que sonara pasados 10 minutos.
Llevaba una camisa con botones delante. El viejo sonreía, no tenía apenas dientes y eso me repugnó un poco…pero aún así la situación me estaba poniendo algo excitada. Le dejé a él abrirme la camisa. Sus temblorosas manos fueron desabrochándome poco a poco. Al ver mis pechos con el sujetador puesto se estremeció y los acarició por encima de la prenda. Besó mis senos y sonrió. Decía que era algo que deseaba desde que me vio. Desprendió el sujetador y lo dejó caer hasta mi cintura. Allí estaban mis pechos, expuestos delante de un anciano baboso que movía sus dedos ansiosos por tocar. Me cogió las tetas y las juntó en el centro. Se quedó observándolos con mirada triunfante. Luego acercó sus labios y pude sentir su respiración agitada. Primero comenzó a lamer mis pezones, el muy cabrón me los puso duros. Luego su boca desdentada estuvo mordisqueando mis pechos sin que llegara a soltarlos. Era una sensación extraña porque al carecer de dientes resultaba como más suave. Luego estuvo amasándolos un poco sin dejar de mirarlos. Aumentó la fuerza y lo vi un tanto alterado. Fui a decirle que si necesitaba descansar pero me tapó la boca con un dedo y dijo.
- Calla, putita, no me interesa lo que pienses ni lo que quieras decir, solo me interesan tus tetas y son mías durante 10 minutos así que no me entretengas con tonterías. Acaso a ti no te importa solo los dos billetes de 50? Pues ya sabes, tú a lo tuyo y yo a lo mío.
Me quedé impresionada, me había insultado y no le respondí nada. Ciertamente a mí él no me importaba en absoluto, solo me interesaba su dinero, por lo tanto un poco putita sí que estaba siendo… Pero lejos de sentirme mal me calentó. Noté que el coñito se había humedecido y que tenía que apretar las piernas para contener la excitación. Ahí estaba el vejestorio concentrado en mis peras. Son duras y de formas muy armoniosas, me gusta llevar escotes pronunciados y probablemente por eso había llamado su atención. En ese momento no quería que pasaran los minutos porque me encontraba a gusto. Eché una miradita hacia la bragueta del viejo y noté que algo se movía levemente. Imaginaba su polla flácida reaccionando ante tal situación. Seguro que la tenía ya pequeña y encogida. Me dieron ganas de tocársela pero me contuve, si quería que le tocase tendría que darme 50 euros más. De pronto me sorprendí de mí misma pensando hasta donde sería capaz de llegar. Inmediatamente me quité la idea de la cabeza y seguí soportando, aunque también disfrutando, que mi viejo vecino se divirtiera con mis tetas como si fueran sus juguetes que había alquilado por 10 minutos para distraerse.
Biip, biip!! Sonó el móvil repentino. Al viejo le costó separarse de ellas y tuve que darle un leve manotazo.
-Eehh, señor!! Ya está bien, pasó el tiempo.
El viejo puso el ceño fruncido. Sacó de su bolsillo los otros 50 euros, me los puso entre las tetas y se largó sin decir nada más. Ni siquiera tuvo la delicadeza de abrocharme la camisa. Al principio me sentí algo sucia pero enseguida pensé que la compra me había salido gratis y que eso era fenomenal. Además, había cometido una buena acción ayudando a aquel viejecito a salir de su antojo.
Al día siguiente me lo encontré en el descansillo del edificio y me puse toda colorada. Fui a saludarle y el imbécil me dijo que no le interesaba para nada lo que yo pudiera decir, que solo le interesaba mi cuerpo. También me dijo que su polla estaba esperando ansiosa por meterse en mi boca y que ya hablaríamos. Pero eso ya es otra historia…




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