EL MASAJISTA
Etiquetas: camilla, erecto, gay, masaje
Tony se quejaba desde hacía ya algún tiempo de dolores en su espalda, provocados por tantas y tantas horas de deporte y trabajo. Cierto día, no aguantó más y decidió poner fin a estas molestias. Para ello acudió a un traumatólogo. Este le recomendó que fuese a algún fisioterapeuta para acabar con sus molestias.
- Donde encuentro yo ahora a un buen fisioterapeuta?? – se preguntó Tony
Un amigo le recomendó que fuese a uno que se encontraba en el centro, a él le había ido bien y tenía buena fama entre los clientes del gimnasio al que iban juntos. Él accedió sin dudas, ya que su mayor propósito era solucionar su problema.
-Hola, buenas tardes, ¿es usted Ricardo González, el fisioterapeuta de la calle Cisneros, Nº5, 4ºA?, Cristian me ha dado su teléfono
-Sí soy yo, -le contestó Ricardo- pero por favor tutéame, si te ha dado mi teléfono Cristian te puedes considerar amigo.
-Gracias, te llamaba para pedir cita, tengo un problema de espalda y quiero que me des un masaje,
-Pues si quieres ahora mismo estoy libre, así que te espero en casa -le contestó el fisioterapeuta.
En menos de media hora, Tony se encontraba en la consulta de Ricardo.
La impresión que Tony se llevó de Ricardo a primera vista fue la de que su amigo le había enviado a la consulta de un fisioterapeuta que era gay, se notaba a la legua.
“Joder con Cristian, lo mato” pensó Tony cuando vio al fisioterapeuta.
-Bueno, ¿es la primera vez que vienes a un fisioterapeuta?, preguntó Ricardo.
-Sí -contestó Tony –
“Claro, a la consulta de un fisioterapeuta gay sí” pensó,
- Estoy un poco nervioso.
- No te preocupes, desnúdate y túmbate boca abajo en la camilla
- ¡Desnudo¡.- exclamó Tony.
- Claro, contestó Ricardo, como quieres que te de el masaje, vestido, jejejeje -sonrió.
Tony se desnudó y se tumbó boca abajo siguiendo las indicaciones de Ricardo. Una vez en la camilla y con el ambiente propicio, éste se fue relajando aún más cuando Ricardo empezó a masajearle su cuerpo con suavidad y armonía.
Comenzando por los pies, sus manos se deslizaban por el cuerpo de Tony con tal delicadeza que éste se sumió en la más profunda de las relajaciones. Siguiendo por las piernas fuertes y tersas de aquel deportista, cuando llego a su glúteo, éste dio un respingo entre placentero y sorpresivo.
- Sssshhhhh – le susurró Ricardo al oído, continuando por la espalda en la que se entretuvo algo más, ya que ahí era donde Tony tenía el problema.
La postura de Tony en la camilla, boca abajo y con sus brazos extendidos a lo largo de su cuerpo, dejaban sus manos a la altura de las piernas de Ricardo, que cada vez que se ponía a su altura le rozaba con su pene, Tony lo notaba, pero le dejaba seguir, ya que estaba tan relajado que no tenía fuerzas para decir nada, aunque los roces del fisioterapeuta eran cada vez mas profundos.
Ricardo cambio de lado en la camilla, para masajear la parte izquierda de Tony, y su erección era cada vez mas notable, el deportista no dio importancia y le dejó seguir. Ya a la altura de la cabeza y cuando el masaje lo tenía que dar desde esa posición, Tony sintió mucho más cerca el miembro de Ricardo erecto en su cabeza. “¡¡Joder¡¡” -pensó.- “me está poniendo la polla en la cabeza”. Pero se dejó llevar y se quedó inmóvil, algo en su interior le impedía hacer nada.
- Date la vuelta, -le susurró al oído-, y relájate.
A lo que Tony accedió sin rechistar, el masaje le estaba gustando más de lo normal, se estaba dejando llevar más allá de lo insospechado y cuando se dio la vuelta, notó una erección de su miembro que le dejó perplejo, sonrojado e inmóvil.
-No te preocupes- le dijo Ricardo- es normal que estés así, a veces pasa.
Lo que a veces no pasaba era que Ricardo, y sin que Tony se diese cuenta de nada, se quitase el pantalón y dejase al descubierto su miembro erecto, para que al llegar a las manos de Tony, ya boca arriba, éste notase aquel miembro cerca de ellas, Tony sin darse casi ni cuenta y dejándose llevar, le empezó a rozar el pene a Ricardo, “que sensación tan extraña”, pensó.- “¿Que estoy haciendo?”, se preguntaba. Pero le gustaba y le seguía tocando.
Ricardo seguía con su masaje, hasta que se colocó a la altura de la cabeza de Tony, entonces era ya mas descarado el que le estuviese poniendo la polla casi en la boca. Este, ni corto ni perezoso, giró la cabeza y casi sin darse cuenta la tenía dentro, empezó a chupársela como si lo hubiese hecho toda la vida, Ricardo se estremeció y comenzó a tocarle la polla también a Tony, realizándole una suave masturbación. Tony se dejaba llevar hasta los límites más insospechados (ya no se acordaba de matar a su amigo Cristian) y gozaba de placer en aquella camilla tumbado boca arriba y chupando una polla, “ufffff, que gozada, como me gusta”, pensaba.
En un momento dado Ricardo, dejó a Tony solo en la camilla con su enorme pene erecto y fue a una habitación. Volvió con algo entre las manos, era un vibrador pequeño en forma de cono, con el que empezó a acariciarle su ano, mientras seguía tocándole su erecto pene. Al principio Tony fue reacio a aquello, pero se dejó llevar hasta que se notó aquel artilugio dentro de sí.
Era tal el placer que sentía Tony en aquel momento, que se encontraba inmerso en una mezcla entre dolor y gozo, se retorcía de gusto en la camilla, y Ricardo no dejó pasar la oportunidad para que en menos de un minuto se encontrase encima de la camilla penetrándolo hasta el fondo.
-¡¡Ah¡¡.- exclamó Tony.
Pero siguió disfrutando el momento, mientras Ricardo seguía masturbándole con fuerza.
Seguía y seguía, allí estaban los dos, follando como locos, uno pensando que hacía allí y el otro deseando que aquello no acabase nunca. Ricardo no paraba de masturbar aquel pene en su máxima erección, deseando que se corriese con fuerza para notar su leche caliente cayéndole por su pecho. Tony deseaba también que el semen le resbalase por su culo mojado, hasta que al final ocurrió y los líquidos de ambos recorrieron sus cuerpos sudorosos encima de la camilla de masaje.
Tony nunca llegó a pensar que lo que acababa de ocurrirle le podría pasar jamás en la vida. Aquella tarde volvió a casa sin dolor de espalda, pero con muchas dudas en su cabeza.
- Cristian?
-Sí, soy yo…
-Tío, no sabes lo que me acaba de pasar.
- Sí que lo sé, me lo acaba de contar Ricardo…













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