ALVARO
Etiquetas: Armani, lencería, mordaza, sujetador, tanga
Álvaro era un chico muy amable que trabajaba en la misma empresa que Lucy. Era el típico hombre educado, de buenas maneras, que sabía tratar a todo el mundo muy bien. Considerado y atento, todas las mujeres estaban ansiosas porque Álvaro les hiciera caso. Lucy nunca pensó que él hubiera reparado en ella, pero claro, siendo un chico más bien tímido y reservado, no podía esperar que se lanzara a pedirle algo. Cierto día ni corto ni perezoso se acercó a su mesa y habló con ella.
- Hola Lucy, que tal estás?
- Bien- respondió ella con cierto recelo.
- Hace tiempo que quería hablar contigo, y es porque estás en mi pensamiento y no puedo sacarte. Cada vez que te veo llegar a la oficina me asaltan deseos de echarme sobre ti y hacerte el amor desenfrenadamente.
Lucy se sonrojó y se revolvió en su asiento. El la tranquilizó, le aclaró que no hablaba de amor, pero que si tenía que nombrar el deseo, el deseo se llamaba Lucy. Ella no podía creer lo que estaba oyendo, pero no podía dejar escapar la oportunidad de acostarse con aquel chico. Lucy pensaba que en la cama Álvaro sería tierno y considerado y se dejó llevar por las fantasías y a idealizar como se comportaría él con ella.
Quedaron en casa de Álvaro, quien vivía en un apartamento de soltero decorado al estilo minimalista. Para la ocasión ella había comprado un sugerente conjunto de lencería sexy. Llevaba un tanga negro bordado con detalles de plumitas negro. El sujetador a juego resaltaba la sinuosa curvatura de los pechos de Lucy. Álvaro la sorprendió con una agradable cena de autor que él mismo se había currado sin dudas, se notaba que el diseño de los platos estaba muy estudiado, era muy detallista. Estaba elegantemente vestido con aquel traje sport tipo Armani, definitivamente Lucy llegó a la conclusión que Álvaro sería un amante ideal.
Después de una velada tranquila y maravillosa él la cogió de la mano y la acompañó hasta el dormitorio. Una cama vestida de sábanas de raso de un oscuro color berenjena le daba un aire bohemio y elegante al ambiente. Estaba claro que Álvaro tenía buen gusto. La desnudó con amabilidad y Lucy se estremecía un tanto ansiosa por llegar al momento cumbre de ser penetrada por aquel hombre tan maravilloso y educado.
Se recostó en la cama y Álvaro la besó apasionadamente. Tomó sus brazos y los recorrió con sus dedos. Las manos de Lucy tocaban el respaldo de la cama. De repente oyó un extraño ruido, como un click. Cuando quiso mover una mano no pudo, dirigió su mirada y encontró que su en muñeca llevaba unas esposas que Álvaro había ajustado en la cama. Lucy no esperaba eso, tal vez quería jugar un poco, le sonrió y no se atrevió a decirle nada. De repente se encontró vulnerable ante él. Álvaro no se lo pensó y le ató la otra mano con otra esposa. Lucy no esperaba algo así de aquel hombre que parecía tan considerado, al menos no era la imagen que se había hecho de él. Aún así no puso el grito en el cielo y se dejó llevar. Pero de repente Álvaro se puso serio y se quedó mirándola fijamente, hasta que rompió el silencio y habló.
- Mi querida Lucy, querías marcha, no? Pues la vas a tener.
En ese momento Lucy se puso nerviosa, el tono que había empleado Álvaro no le gustó nada. Quiso deshacerse pero no podía moverse.
- Álvaro por favor, no me encuentro cómoda, prefiero algo más normal, lo típico, te la chuparé bien, pero no me gustan estos juegos.
- A ti no, pero a mí sí, y aquí el que manda soy yo, así que calladita.
La tensión se apoderaba de Lucy y antes que pudiera emitir un grito Álvaro le tapó la boca con una mordaza. Luego fue hasta la mesita de noche y tomó un pañuelo. El cajón estaba lleno de pañuelos de diversos colores, lo que evidenciaba que no era la primera vez que hacía algo así.
Le tapó los ojos y en ese momento Lucy se sintió más temerosa que nunca, el hecho de no ver lo que sucedía a su alrededor la mantenía más en tensión si cabe. Álvaro le dijo que si le prometía estar callada le quitaría la mordaza, a lo que Lucy asintió afirmativamente.
Cuando le quitó la mordaza no le dio tiempo a respirar, Álvaro le metió su gran polla en la boca y la follo salvajemente. El tierno, amable, educado y considerado Álvaro se había convertido en un animal y ella no sabía hasta donde podía llegar. Cuando paró sus movimientos se fue de la cama hasta el baño. A Lucy se le provocaron arcadas cuando a la vez escuchó el ruido del agua y el abrir y cerrar de las puertas de los muebles del cuarto de baño. Notó sus pasos acercándose a ella y le abrió las piernas, las ató a las patas de la cama dejando su coño abierto. De repente notó como algo fresco en su pubis, para más tarde sentir el paso de una cuchilla. Se quedó inmóvil, Álvaro le estaba afeitando el vello púbico y no sabía si lo hacía con una navaja, por lo tanto era mejor estarse quieta, por si le pudiera cortar. Después de aquello la penetró duramente. Era obvio que Álvaro tenía un miembro potente pues sentía cierto dolor también debido a la brusquedad con que la clavaba. Minutos más tarde sintió algo más duro y grueso en su vagina. Le había puesto un consolador de dimensiones exageradas. Lucy se vio envuelta en un sentimiento entre victimismo y excitación. Por un lado quería que parase y tenía miedo a que le hiciera daño mortal, pero por otro la situación la estaba llevando al mayor de los placeres. Casi sin que pudiera darse cuenta se encontró inmersa en un orgasmo abismal, intenso, sin precedentes.
Escuchó la risa desenfrenada de Álvaro, mientras Lucy seguía con los espasmos del gozo, este no paraba de mover el aparato en su interior. Después de esto Álvaro le liberó las piernas y las manos y la condujo hasta el cuarto de baño, la metió en la bañera y la volvió a esposar al grifo, quedando ella arrodillada. El se metió y la obligó a ponerse en cuatro patas. Sin ninguna consideración la penetró analmente, lo hizo con fuerza hasta que se corrió sobre ella. Se ve que estaba excitado porque no duro mucho. Le pasó la polla por todo el cuerpo dejándola en un baño de leche. Después le quitó la venda de los ojos y Lucy notó como la luz le forzaba a cerrarlos. Álvaro se dispuso a lavarla con una esponja de crin. Le apretaba muy fuerte y Lucy se quejó.
- Ahh, me estás haciendo daño.
- Ahora te quejas? Pues te aguantas, tengo que lavarte como a los coches, porque eres una guarra.
La terminó de secar como si le fuera a sacar brillo con la toalla y le tiró la ropa. Le dijo que se vistiera y se largara, que no la quería allí ni un minuto más.
Álvaro resultó ser todo lo contrario a lo que aparentaba en la oficina, se había convertido en un salvaje, pero Lucy había quedado totalmente obnubilada por ese halo de incertidumbre, miedo y excitación que envolvía los momentos que había pasado con él. Al día siguiente al llegar a la oficina Lucy estaba temiendo encontrarse con Álvaro por los pasillos. De repente se lo topó de frente y Álvaro con toda la amabilidad que le caracterizaba le dijo delante de todos:
- Buenos días Lucy, has dormido bien esta noche??
Álvaro se alejó por el pasillo dejando a Lucy estupefacta, como si nada hubiera ocurrido, como si aquella noche hubiera sido producto de su imaginación.













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