La cena
Etiquetas: boca, caricias, La cena, leche, orgasmo, sexo anal
Todo estaba dispuesto para la cena, los platos preparados, el postre elaborado… A mi marido le apasiona el chocolate y quiso que aquella noche elaborase trufas para él y su invitado. Soy una mujer elegante, atractiva, de curvas sugerentes… a mi marido le encanta presumir de mí. Casi siempre voy vestida de traje ejecutivo, pero cuando trae algún invitado le gusta que me vista de molinera, con blusa escotada de hombros descubiertos y corpiño marcando la cintura. Pero sobre todo quiere que sea complaciente con sus amigos, les cuenta lo maravilloso que es penetrarme y quiere que todos puedan comprobarlo para que le envidien.
A la hora concertada llegó Angel, más que un amigo era un posible cliente, y Sergio, mi marido, le invitó a ver el partido y cenar, me advirtió que su visita debía ser inolvidable, para poder firmar el contrato que se traían entre manos. Yo por supuesto quería que así fuera, puesto que ganaría muchos millones de euros con este negocio.
Nada más llegar Angel, mi marido me presentó:
-Hola Angel!! Esta es mi mujer, y estas- dijo señalando mis pechos- son sus golosinas.
Todos nos reímos divertidos por la ocurrencia de Sergio, a lo que Angel admitió estar encantado de conocerlas. Mis pechos son firmes y duros, tiene un tamaño ideal, ni mucho ni poco, pero están llenos y turgentes. Sobresalían por encima del escote y obviamente las miradas iban apuntando hacia esa parte de mi cuerpo
Sergio le dijo a Angel que mientras servía unas copas podría distraerse con mis golosinas. Pasamos al salón y él se sentó en el sofá. Yo me encaramé sobre él con las piernas abiertas y con las peras enfrentadas justo a la altura de su boca. Me bajó la blusa dejando al descubierto mis pezones rosados y comenzó a lamerlos suavemente, luego mordisqueando, para terminar amasándolos y comiéndolos con mayor devoción. Se le veía como un niño pequeño jugando con su juguete favorito.
El cliente de mi marido dijo que su sexo iba a estallar y que necesitaba que le aliviase la ansiedad. Sergio lo comprendió y me pidió que me sentase yo en el sofá mientras él me la metía en la boca. Así podría tomarse la copa y ver la tele un poco antes de penetrarme. Y así lo hizo, antes que pudiera mediar palabra tenía la boca taponada por un gran pene que me dejó inmovilizada contra el respaldo. Estuvo un rato con ella dentro sin moverse mientras mi marido le servía la bebida, encendía un cigarrillo y charlaban animadamente. Yo no podía moverme, pues sus piernas me tenían aprisionada, solo mis ojos podían mirar de un lado a otro para ver que sucedía a mi alrededor. Luego comenzó a balancearse poco a poco metiendo solo la punta de su pene. Mientras tanto mi lengua lamía el glande de Angel, sentía como el líquido preseminal goteaba y me encantaba saborearlo. Luego comenzó a bombear más enérgicamente como si me estuviera empotrando. Mi marido se acercó a preguntarle que tal lo estaba pasando y este respondió excitado:
- Tu mujer tiene la boca más caliente que nunca conocí.
Mi marido orgulloso continuó con sus quehaceres, no sin antes pedirme que se la succionase un poco.
Angel ya estaba algo cansado de la postura así que decidió sentarse para que se la mamase de rodillas. Le chupaba los testículos, el glande, estaba tan caliente que no podía parar de succionarle, me la tragué hasta el fondo a la vez que mi lengua lamía sus pelotas. Notaba como su mano acariciaba mi pelo y con la otra sostenía su copa sin dejar de mirar la televisión. Comenzaba el partido y no quería perderse un gol. Sergio observaba encantado la escena, de vez en cuando me daba palmadas en las nalgas y me animaba para que siguiera complaciendo a Angel.
Su miermbro estaba erecto, pensaba que iba a estallar, fue entonces cuando me dijo que parase un segundo, necesitaba relajarse un poco. Entonces me desnudé completamente, mientras que él descansaba mi marido me lamía el clítoris para que estuviera listo y preparado para seguir dando placer a su cliente. Fue agradable, lo tenía mojadito de su saliva dejándolo muy suave. Angel me pidió que me pusiera en cuatro patas sobre el sofá para cogerme como una perra.
- Es la mejor perra que te vas a tirar – dijo mi marido.
- No me cabe la menor duda, es más, me gustaría venir de vez en cuando para penetrarla a mi antojo.
- Eso está hecho, Angel, mi esposa será tuya cuanto gustes, llámame cuando quieras…
No había nada que me excitara más que ver como mi marido me regalaba a sus amigos, es tan tierno, no le importa que me coma cuantos penes se me crucen por el camino…
Angel bombeaba dentro de mí fuertemente, balanceaba dentro de mi vagina, tenía el clítoris al rojo vivo. Me golpeaba las nalgas, me embestía con tal fuerza que hasta tuve un poco de miedo. Pero la gran sonrisa de satisfacción de mi marido me relajaba y me hacía disfrutar del momento. Cuando su equipo favorito se acercaba a la portería la velocidad incrementaba y cuando se alejaban disminuían sus movimientos. Me sujetó por el pelo con una mano y con la otra apretaba mis pechos. Tenía los pezones erguidos, desafiantes. Por momentos se volvía más salvaje y continuaba dándome de cachetes en el culete.
Sergio le propuso penetrarme análmente pero Angel se negó alegando que no podía soportarlo más. Mi marido le dijo que no se preocupase, que siempre que le apeteciera podía venir a probar mi culito. Me pidió que me volviera a arrodillar en el suelo y con la herramienta frente a mi cara comenzó a masturbarse. La tenía a punto, mientras tanto no pude evitar acariciarme a mí misma, porque me iba a venirr en ese mismo momento, y así fue. Justo tras mi orgasmo el equipo de Angel marcaba un gol y mientras él cantaba victoria se corría en mi cara, sobre mi boca… Su leche caliente goteaba por mi barbilla manchando mis pechos. Se le veía feliz, encantado, me acariciaba la cabeza como a una mascota y prometió volver otro día para disfrutarme otra vez. Luego le pidió a Sergio el contrato que debía firmar dijo que de pronto había comprendido que era un buen negocio y que estaba dispuesto a colaborar. Mi marido estaba muy contento, me fui al baño a darme una ducha y prepararme para la cena. Ya sabéis que luego llega el postre y os aseguro que fue estupendo, pero eso ya es otra historia…




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