DISCO EXPRESS
Etiquetas: Boney M, disco, gay, homosexual, ligar
Carlos se preparaba para perderse en la noche. Se puso su mejor camiseta, aquella que mejor marcaba su musculatura, fruto de las horas de gimnasio. Se sentía a gusto consigo mismo y quería disfrutarlo. Se embadurno en crema hidratante y se puso unas gotas de perfume de firma. Había quedado en encontrarse con su amigo Toni en la Disco Express, el lugar de moda del momento. Allí podías oír desde la música más ochentera hasta el techno más potente de la actualidad. Tomó un taxi porque le pillaba lejos y en 15 minutos había llegado a la puerta de la discoteca.
Nada más entrar se topó con Toni, fiel cliente de todos los locales de ambiente de la ciudad, quien tenía la maravillosa costumbre de acariciarle el miembro cada vez que le saludaba.
- Hola Carlos, mmmm….hoy estás a cien, eehhh… vas a necesitarla bien dispuesta, je, je…
Carlos rió divertido, Toni era amigo suyo desde hacía cuatro años y siempre le arrancaba una sonrisa. De repente vio un chico delgado junto a la barra. No estaba mal de cuerpo, pero era algo más bajito que él. Decidió que no era su tipo cuando ya era tarde, pues el chico había llegado hasta donde Carlos estaba.
- Hola guapo, vaya tableta de chocolate que tienes…
- Mi trabajo me cuesta, pero tú que tienes?, porque altura desde luego no.
- Ja,ja,ja… de que sirve la altura teniendo el pene más grande de la disco??- presumió el chico.
Carlos rió a carcajadas por el desparpajo del chico. Le pareció un vanidoso y decidió definitivamente que no le gustaba. Pero este le cogió de la mano y lo llevó hacia el servicio, Carlos se dejó llevar, le apetecía reírse de él cuando le mostrase el pajarito, una imagen que ya podía imaginar. Fuera quedaron parejas de jóvenes morreándose y bailando frenéticos al ritmo de Boney M.
Por el camino Carlos quiso tocar el miembro del chico, pero no le dejó, con una palmada le retiró la mano. Esto le molestó un poco hasta donde tenía que soportar el dichoso juego de presunción que se traía el niñato entre manos? Una vez llegaron al baño se metieron en uno de los cuartos que dividían los baños. No tenían puerta, por lo tanto todo lo que pudiera pasar estaría expuesto publicamente. El chico hizo ademán para que Carlos se arrodillara frente a él, y le hizo caso. Cuando se bajó la bragueta Carlos se vio enfrentado al pene más grande jamás visto por él, ni en películas porno lo había visto nunca. Como un chico de semejante altura podía ostentar esa medida???? Comenzó a lamerla con cierto miedo, pues parecía que aquel aparato tenía vida propia y en cualquier momento le iba a dar de golpes. Pero no fue así. Carlos se la metió hasta el fondo lo más que pudo, pero apenas alcanzaba a cubrir el glande y poco más.
La succionaba, la lamía, el chico estaba excitadísimo. Carlos se estaba masturbando porque la situación le estaba poniendo a cien. Se olvidó de lo vanidoso y de la prepotencia de aquél joven engreído y continuó con su trabajo sin pensar en nada más que disfrutar.
De repente algunos otros hombres asomaban sus cabezas para mirar como Carlos se tragaba aquella gran vara descomunal. La situación no había pasado desapercibida para nadie y ninguno de los presentes querían perderse lo más mínimo. Luego el chico le pidió que se levantase y se volviera cara a la pared. Carlos estaba imaginando lo que se le iba a venir, entonces el chico sacó un pequeño bote de vaselina y le colocó en todo su agujero trasero una gran cantidad. Le advirtió que solo con mucha lubricación podría soportar su miembro, que no había persona que pudiera recibirle de otra manera que no fuera bien suavizado.
El chico comenzó a empujar a Carlos contra la pared mientras trataba de penetrarlo, poco a poco fue abriendo camino en su interior. Aquello se convirtió en el espectáculo de la noche. El baño estaba lleno de tíos calientes y excitados ante tal escena. Algunos solo miraban, otros directamente se masturbaban. La gran herramienta de aquel chico menudo, bajito y de aspecto débil estaba taladrando el trasero de un hombre de complexión fuerte. Nada podía detenerlo ya, de una embestida fuerte el agujero de Carlos se trago el aparato bestial del joven.
-Madre mía!! Esto es increíble!!! Yo no tuve nunca nada igual… Donde estabas todo este tiempo!!
Carlos aprisionado contra la pared ya no podía más que jadear. En ese momento entró Toni. –Vaya, Carlitos!! Pero si estás probando la droga del local!! Ja,ja,ja…
No lo dudó un momento se acostó en el suelo y comenzó a chuparsela a su amigo mientras este recibía el transatlantico sin piedad. El chico estaba ya muy excitado, la estrechez de Carlos le provocaba un gran placer, tuvo que abandonarse al orgasmo y soltó una gran cantidad de leche, la cueva quedó rebosante y palpitante ante los ojos atónitos de todos los que fueron a visionar tal espectáculo. Pero Toni no cesaba en su empeño de comerse a su amigo hasta saciarse. Carlos se acostó sobre él para realizar un 69. Los dos hombres se hallaban en el suelo del baño, junto al chico del aparato más brutal. Seguía expulsando semén, parecía que no tenía fin y todo aquel que quiso pudo probar del delicioso manjar lamiendo el capullo enrojecido. Los dos amantes del suelo culminaron la obra a la vez gritando y gimiendo con ojos obnubilados. Quedaron allí recostados y jadeantes durante varios minutos, mientras los clientes de la disco iban dispersándose cada uno donde le apetecía.
- Joder, Toni, de donde ha salido este tío?
- Solo viene de vez en cuando, has tenido suerte, amigo, fuiste elegido entre muchos que querían probar por sí mismo las maravillas que ofrece.
- Pues quiero esa golosina para mí otra vez- dijo Carlos con decisión.
- Pues ya sabes Toni, prepara pasta.
- Como?- preguntó Toni impactado.
- Que la droga no es gratis chaval, hoy has tenido una dosis de regalo, pero la próxima la tendrás que pagar y esperar tu turno. Ya te dije que era la droga del local.
Carlos continuó en la pista bailando, aunque dolorido tras la penetración sufrida minutos antes. Ya estaba pensando en el modo de conseguir el dinero para volver a ser elegido por aquel joven delgaducho que le había cambiado la vida. Disco Express sería su lugar de encuentro, el lugar donde podía encontrar todo lo que quería, y lo que Carlos quería era el barco más grande del lugar.




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